Tirado en mi cama a punto de dormir, empiezo a escuchar una voz grave hablar del otro lado de la pared. La misma se interrumpe cada tanto con un ruido similar al que hace una persona en el intento de despejar la garganta. Aparentemente, dos personas llevan un diálogo. Sin conseguirlo intento entender que dicen. La conversa continúa. En un momento, seguido de unos golpes acompañados por la voz grave, una de las personas comienza a vomitar, o así me lo figuro.
Atrapado por la curiosidad me dispongo a asomarme a traves de la ventana, lo cual requiere un gran esfuerzo, en primer lugar por el solo hecho de salir de mi cama, en segundo, saltar de mi balcon al contigüo.
Abro con sumo cuidado la puerta de mi balcon y salto al otro lado quedando sin resguardo de bajar, sin interrupción alguna, los seis pisos que me separan del pavimento.
Me asomo lentamente a la ventana. Solo una tenue luz que viene del edificio de enfrente me permite ver. Adentro, una computadora sobre un escritorio de madera a la izquierda, enfrente a ella, un viejo sillón donde solo un perro en sus últimos días podría usarlo y al fondo un monton de cajas cerradas y apiladas listas para ser enviadas. Ya no hay voz ni sonido alguno.
Sin comprender vuelvo a entrar a mi cama. Cierro los ojos y ahora tranquilizándome, empieza a sonar un viejo y solitario violin.
Sin abrir los ojos me pregunto, ¿hasta donde es capaz de llevarme mi imaginación?